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Mixed Feelings 2020

Sentimientos encontrados es nuestro estado actual. Hay esperanza en el futuro, pero todavía no sabemos cuánto durará la incertidumbre. Pasamos del aislamiento hasta lograr salir con gran escepticismo. El telestudio y el teletrabajo borraron los límites entre la vida laboral, académica y personal. Las transmisiones de Zoom se volvieron locales, interregionales e intermitentes. Los profesores terminaron volviéndose médiums, comunicándose con el más allá; “¿Están ahí? ¿Hay alguien ahí? ¿Me escuchan? ¿Me oyen? ...” Los estudiantes pasaron del Tinder al chat directo del Zoom para conectarse con otros. Fue un año muy extraño y complejo para hacer nuevos amigos.

Los proyectos que seleccionamos junto con Carolina Cerón y Beatriz Grau para esta convocatoria no muestran de forma explícita lo que sucedió durante el año en el que comenzó la pandemia. Sin embargo, dan pistas de cómo los estudiantes se adaptaron a las nuevas dinámicas de trabajo y cómo su entorno (interior y exterior) se convirtió en el espacio de taller para producir fotografías. En las imágenes el cuerpo aparece con fuerza entrando y saliendo del cuadro, evidenciando como algunos estudiantes exploraron su cuerpo en el encierro mientras que otros emigraron al campo o se fijaron en el cuerpo de el otro. Las series fotográficas exploran temas más allá de lo doméstico y se expanden hacia preocupaciones sobre el territorio, la cultura popular, el consumo, el performance y el autorretrato entre otros.

El 2020 quedará marcado en nuestra memoria para siempre y esta exposición sugiere con fotografías y escritos, cómo esta generación de estudiantes continuó con su práctica creativa durante las condiciones más difíciles que hemos atravesado hasta el momento.

Santiago Forero

Los textos que va a leer a continuación no son los típicos textos sobre arte. Son textos que saltan y brincan entre formas de escribir. Son textos que piensan las fotografías imaginando que ocurrió antes o después de que fueron tomadas, o imaginando qué pasaba con la persona que las tomó. Fueron escritos a 4 o 5 manos por estudiantes del curso Arte y Exposiciones, donde entre otras cosas, pensamos la escritura sobre arte.

Nos interesó jugar con las posibilidades narrativas de estas imágenes, dilucidar historias, inventar cuentos, imaginarse al autor, o escribir poemas. Tal vez nos han enseñado que la escritura sobre arte no se hace en primera persona, ni se toma permisos literarios, ni inventa juegos para encadenar ideas. Estos textos intentan retar esta noción y se toman permisos teniendo en cuenta que quien mira lo hace desde un lugar específico y que quien mira es transformado por aquello que mira. Desde ese lugar se produce un contacto con el objeto mirado. La forma de develar ese contacto no siempre es sensata y nos gusta escribir con algo de insensatez.

Carolina Cerón

Deliberación de Mixed Feelings 2020

 
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Fotos de película
Juan Pablo Díaz
Foto Básica 2: Digital
2020
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Textos: Daniela Riveros, Salomé Rubio y Sofia Stocker.

Instrucciones/ en el que se dice qué hacer

Quiero que piense en que el tiempo no existe, que hoy es ayer y ayer fue mañana, y mañana será hoy; piense en que siempre está a una decisión de tener una vida completamente diferente; piense en su vida como una colección de "tal veces". Tal vez es un joven enamorado perdidamente, con una vida feliz por delante. Tal vez cumplió todos sus sueños (o tal vez no), con miles de voces adoradoras, gritando su nombre. Es posible también que dejara todo atrás, que escapara como siempre quiso hacerlo, lejos, donde nadie sabe quién es o de dónde viene. O bien, se volvió valiente, contra todo pronóstico, contra toda duda. Pudo sentirse solo, sin esperanza, sin significancia.

Las siguientes imágenes están entonces a su disposición. Piense en ellas como fragmentos, memorias, algo que pasó o que va a pasar. Para su comodidad decidimos acompañarlas con textos, con historias. Pero como en su propia vida, usted decide que va a pasar. Nada es obligatorio. Nada está escrito en piedra. Encontrará entonces las instrucciones a seguir (o si quiere, no las siga).

Primero, mire las fotos, escoja la que quiera. La que lo hizo sentir algo, la de su número favorito, la que lo haga pensar en su mejor amigo de la infancia, en su recuerdo favorito, en su madre con la que no habla hace días (o meses, o años, usted decide).

Segundo, piense, ¿cómo quiere continuar su historia? ¿Va a hablar de amor? ¿De pérdida? Tome la decisión que quisiera haber tomado a los 15, o a los 18, o a los 30, o la que quiere tomar en dos años, o mañana.

Tercero, déjese llevar. No piense (o piense mucho) en la historia. Tome las decisiones tal como decide su vida. ¿Se deja llevar? ¿Deja todo a la suerte? ¿Consulta todo con su mamá? ¿Con su pareja? ¿Con su mascota? ¿Con su almohada? ¿Planea todo meticulosamente?

Lo más importante es que recuerde: no hay reglas. Si no desea leer ningún texto, no lo haga. Léalos todos, vuelva a leerlos en otro orden. Escriba su propia historia. Recuerde, esto es como su vida, como el tiempo. No tiene orden, pero sucede cronológicamente. Usted toma las decisiones, pero todo está predeterminado.

Mucha suerte, querido lector, disfrute de su historia.

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En el que se escapa

Una advertencia, la historia que va a leer no tiene un final feliz. No hay un felices por siempre, una caminata hacia el atardecer mientras que la pantalla se vuelve negra. Sin embargo, es mi historia favorita.

Creo que mi vida ha sido una mentira, creo que nunca he sido feliz, no realmente. Perpetuamente enamorado de la idea del amor. He sido muy soñador desde pequeño, aunque qué niño no lo es. Siempre más emocionado con lo que puede ser que con lo que es. La idea de desaparecer, de inventarme un nuevo yo, de irme lejos de acá, siempre ha rondado en mi cabeza. Hay una excusa para todo, de pequeño no podía, no tenía permiso de mis papás. De adolescente tenía miedo. Y ¿ahora? Miedo todavía tengo, porque el que diga que no teme está mintiendo.

Me quiero ir, quiero dibujarme un par de alas y volar alto, volar lejos. Quiero montar a caballo en un desierto, bajo el atardecer. Que mi única preocupación sea hoy, sea ahora, sea yo. Quiero estar solo, conmigo mismo, con mis pensamientos y en paz. Y ¿por qué no lo hago? Porque está ella, o estará ella, o estaba. Estos días no se nada. Estos días hago todo como en piloto automático. Como si la persona dentro de mí, el yo que sentía y quería y reía, se hubiera cansado de ser.

Entonces con un sueño en las puntas de mis dedos, en la punta de mi lengua, pienso "a la mierda todo". Y lo hago. Con un par de alas, que tal vez siempre han estado ahí, vuelo, alto y lejos, como siempre quise, como siempre imaginé. Me voy a un lugar donde nada importa, donde a nadie le importo. Me voy a un lugar donde por fin puedo respirar, y qué suertudos son quienes siempre han podido respirar, sin pulmones como los míos, como los de muchos, corruptos, sin pechos que se contraen con dificultad.

Por fin monto en mi caballo, en el desierto, en el atardecer. Y a mi alrededor no hay nadie, somos las montañas y mi compañero, el cielo y las nubes, y yo. Sin dolor y en paz. Y qué suertudos son quienes no están sangrando permanentemente, sin heridas que nunca cierran, con sonrisas que no son forzadas. Qué suertudos son quienes son felices sin esfuerzo, sin culpa.

Acá el tiempo no pasa, somos siempre, las montañas y mi caballo, el cielo y las nubes, y yo. Y mi alrededor no cambia. Es siempre el desierto, en el atardecer. Y qué lindo es vivir así, en paz, en un limbo. Y me doy cuenta de lo injusto que es no poder vivir siempre así. De lo injusto que es no poder ser feliz sino en una fantasía, tan lejos de donde estoy. Donde tengo alas y no me da miedo usarlas. Donde sonrío porque quiero, no porque debo. De lo que anhelo tener un final feliz, pero como le advertí hace algunas líneas, no hay un final feliz, porque no existe, porque no lo merezco. Sin embargo, por un segundo, o tal vez por la eternidad, fui feliz y estuve en paz, y eso es lo que importa. Esta no es una historia alegre, pero es mi historia favorita.

 
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● En el que habla de valentía

Soy fuerte y lo sé. Tengo las habilidades para lograr lo que necesito. Nada me va a detener.

- ¿Estás listo? - me pregunta ella.

- Sí, estoy listo para pelear. Estoy listo para resurgir entre los muertos. - Ella no entiende de qué le hablo, no se acuerda del accidente que tuve.

- Que bueno. No llegues muy tarde esta noche. - Chao, te quiero mucho.

Ella no se acuerda del accidente que tuve hace un año. Yo tampoco lo recuerdo con mucha claridad. Solo sé que estaba en medio de una pelea. Yo le di un puño, él cayó al piso, pero logró levantarse y aprovechó para devolvérmelo, logré mantenerme de pie y se lo devolví. Estábamos en un puente, mi mayor miedo era caerme al río y perder la pelea. Pero pasó algo muy extraño, después de que le dí el último puño yo sentí una bala que me dio un golpe en el brazo derecho e hizo que cayera al agua. Recuerdo esa caída, no entiendo quien decidió dispararme, no había nadie más en ese lugar que quisiera hacerme daño, al menos eso creí. Cuando estaba cayendo sentí que era un sueño, nada parecía real. Creí que había muerto, pero nadie puede matarme. Caí al agua y desperté en la orilla. La bala no me había matado, pero el frío que sentí en ese momento lo iba a hacer. No podía moverme, no podía seguir. Lo único que esperaba era morir, entrar al túnel y no volver a salir. No sabía qué estaba pasando, veía la sangre en mi brazo, todo a mi alrededor era borroso. Todo empezó a oscurecerse, solo veía la sangre, había perdido mucha y ví como entré al túnel. Solo veía negro, la luz estaba muy lejos, no podía llegar a ella. Cada vez que me acuerdo de ese momento siento como la sangre abandonaba mi cuerpo y estoy solo. Nadie podía ayudarme, sabía que todo había llegado a su final. Una luz blanca se acercaba a mi, estaba al frente de la muerte. Había llegado mi momento de abandonar este mundo. Ya no podía ver los colores, estaba rodeado de negro y la luz no alumbraba mi alrededor, la luz me invitaba a rendirme. Sentía como la sangre dejaba un rastro sobre la piedra en la que estaba acostado.

Sigo tratando de recordar cómo es que logré sobrevivir. No lo puedo recordar con claridad, a veces sueño con ese momento. La manera en la que me levanté y caminé hasta encontrar ayuda, me sorprende. No sé de dónde saqué las fuerzas para curarme y seguir. Como diría mi mamá “Todavía tienes mucho por hacer en esta vida”. Recuerdo la bala y la caída cada día. Sueño con ese recuerdo y entiendo que nada puede conmigo. Soy más fuerte de lo que creía que era. Soy más fuerte porque sigo luchando. Soy más fuerte porque no me voy a rendir.

 
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En el que está solo (desesperado)

No necesito a nadie.

Estoy en este viaje que emprendí conmigo. Yo sé por dónde es. El camino está claro. Este mapa me va a ayudar cuando no tenga la respuesta. Pero yo sé a dónde voy. Los nervios casi no me dejan salir y seguir mis sueños, pero lo logré. Ahora puedo experimentar lo que es estar en la mitad de la nada. Estoy bien solo, no necesito a nadie que me acompañe.

Todo está bien.

Aunque sigo sin estar completamente seguro de mi decisión, no hay forma de devolverme en el tiempo. Tengo que seguir y aprender a convivir con mis pensamientos. Estoy solo. Emprendí un viaje que nunca creí que pudiera hacer. Mi deseo se hizo realidad y no necesito de nadie. Mi compañía es suficiente, es lo único que necesito para encontrar las fuerzas y seguir.

Puedo con esto.

Cada día me despierto con la misma meta, no rendirme. Tengo que seguir el camino que me muestra el mapa. Los atardeceres son únicos, no me aburro de ellos. Ese momento antes de que oscurezca me da una razón para seguir cada día, es mi motivación para seguir. El amanecer me muestra el comienzo de cada día. Me da energía para seguir y no rendirme. No me voy a rendir, yo sé que puedo seguir y nada me va a detener. No necesito a nadie que me diga que hacer, no necesito consejos de nadie, la naturaleza es capaz de darme la respuesta. Solo puedo encontrar lo que necesito.

Creo que tomé la decisión equivocada.

¿Es suficiente la razón que me da el atardecer para seguir? ¿Es suficiente la razón que me da el amanecer para seguir? ¿Es suficiente despertarme cada día y darme cuenta que estoy vivo para seguir? ¿Puedo encontrar las respuestas solo? ¿Dónde queda adelante? ¿Dónde queda atrás? ¿Dónde está la meta? ¿Cuál es la meta? ¿A dónde quiero llegar? ¿Estoy llegando? ¿Estoy cerca? ¿Sé por dónde voy? ¿Sé dónde estoy? ¿Tengo las respuestas? Ya no estoy seguro de poder seguir. Esta soledad no es algo bueno como creí. Las respuestas que tenía no las encuentro, no las puedo encontrar, mis pensamientos no me dejan encontrarla. No paro de escuchar las voces en mi cabeza. Todo el silencio que me rodea no me deja pensar claro.
Tanto silencio no me deja pensar claro.

Ya no puedo más.

Esta es la peor decisión que he tomado en mi vida, no puedo seguir así, tengo que volver. No sé si estoy avanzando o retrocediendo. Nunca me había sentido tan perdido. Tratando de buscar la respuesta, perdí todo lo que había construido. No puedo más. Quiero volver. Quiero dormir. Quiero volver a mi vida normal. Quiero volver al momento en el que empecé, el momento en el que decidí emprender este viaje y no hacerlo. Necesito estar rodeado de las personas que me aman y me dan cariño. Esta soledad me está volviendo loco. No me aguanto a mi mismo.

No puedo pensar.

No puedo dormir. No puedo seguir.

 
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En el que es famoso

-¿Estás listo?

El cuarto da vueltas y mis ojos no logran enfocar nada. No siento mi cara ni cuerpo, pero de alguna manera me encuentro de pie. Creo que estoy apoyado contra una pared. Todo se empieza a poner negro, pierdo sensibilidad en el cuerpo, ya no sé dónde estoy. De repente siento algo frío sobre mis labios, alguien sostiene mi cabeza, una mano está tocando mi frente. Estoy débil, lo sé.

-No es nada, que se levante y salga, pero rápido.

-¿Cómo así qué rápido, no lo estás viendo? - ¿Estás escuchando los gritos?

Sí, si escucho los gritos, son tantos que puedo sentirlos, sus voces hacen que el suelo vibre. Trago agua, pongo mis manos sobre el suelo y me pongo de pie.

-Despacio, no vaya a ser que te desmayes otra vez.

Exagero los movimientos, hago todo muuuuuuuuy lento. Que montón de gente ridícula, estoy bien, es imposible no estar bien mientras ellos me esperan. El cuarto sigue en movimiento, pero ya no estoy mareado, es el público que ruge impaciente por el show y sacude el camerino. Tengo puestos mis pantalones de cuero y bota ancha, mi chaqueta, mi pañoleta amarrada a la muñeca, claro que estoy bien, ¿cómo no estarlo? Dentro del camerino me observan preocupados, pero hago caso omiso a sus miradas, sé que debería estar descansando, durmiendo, pasando tiempo con mis amigos, familia, lo que sea. Sin embargo, después de todo lo que ha pasado, todo lo que me han dado, les debo un último show. Camino hasta estar debajo del escenario en una plataforma. Me lanzan un micrófono, arreglan uno que otro detalle técnico y empiezan a contar.

-Súbanlo en 3, 2…

Toda oscuridad desaparece cuando el techo se abre y yo empiezo a ascender. Los gritos son cada vez más fuertes y ansiosos, me necesitan. La plataforma se detiene al nivel del resto del escenario. No logro ver caras, hay un reflector que ataca mis ojos directamente y me ciega. Saco mis gafas de sol y me las pongo, logro distinguir brazos agitándose. Señalo a mi lado derecho y chasqueo los dedos, es hora de empezar el acto. Primero suena la guitarra eléctrica, luego el bajo, el piano y por último la batería que desata una furia increíble en el público. Me acerco a los músicos, juego con ellos, con sus instrumentos. Luego, cuando me toca cantar, me acerco a mis fans. Ya no los escucho gritar, sólo existe la música. Me emociono y bailo, me muevo sin pensar mientras el resto del mundo desaparece. Este es el momento más feliz de mi vida. No los veo, no los escucho, pero los siento. Cierro mis ojos hasta que acaba la primera canción, y al abrirlos, todo ha cambiado. Me encuentro solo sobre el escenario: los músicos no existen y el público se ha convertido en una masa naranja y rosada de locura. Estiro mis brazos hacia el frente con las manos abiertas, se crea un silencio mágico, no se escucha ni una voz.

-¡TE AMO!

Sonrío coqueto, me quito las gafas, dirijo la mirada hacia dónde creo que provino el grito, pico el ojo -sé que eso les encanta- y digo despacio:

-Yo también.

Los rugidos regresan. Me volteo, alzo mis brazos hacia el cielo y subo la mirada. Al bajarla los músicos parecen haber regresado, entonces señalo al baterista quién hace un breve conteo. Sus baquetas parecen activar al resto de la banda que inmediatamente inicia la nueva canción. Volteo hacia el frente y me doy cuenta de que ya no hay manchas, todos se han convertido en uno. El naranja parece haber llegado hasta el escenario y lo cubre por completo, nace en el fondo y mientras toca al público se va convirtiendo despacio en rosado. Estoy muriendo, el final está cerca y tengo miedo, pero me siento eufórico. ¡Estoy vivo! Empiezo a cantar. No hay nada como actuar sobre un escenario.

 
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En el que está enamorado

No estoy dormido, sólo tengo los ojos cerrados; sé que tú sí lo estás porque mi mano cubre tu ombligo y siente, como un ciego el braille, tu respiración, que más allá de inhalaciones y exhalaciones, se sienten como suspiros. ¿Qué sueñas? Yo soñé contigo.

(Lo último que recuerdo antes de caer profundo es que acariciabas mi espalda y mi pelo. Yo, acurrucado con mi cabeza sobre tu pecho desnudo, tú acostada, delicada, suave, tranquila, cansada).

Cuando el peso de la noche cayó sobre mis párpados, nos tele transportamos a una montaña. Ya no había un cielo estrellado, el sol estaba bajando despacio, como si nos esperara pacientemente. Llegamos a la cima, tú veías las montañas, pero estábamos tan cerca del cielo que, más que montañas, parecía que la piel de la Tierra se hubiera arrugado. Mientras caminábamos yo te observaba: llevabas un vestido que parecía hacerte flotar con cada paso, unos tacones pequeños, elegantes, y el pelo corto, como cuando nos conocimos.

(En ese momento no eras mía. Creo que nunca lo has sido. Siempre le has pertenecido a ese lugar: el atardecer, la brisa leve, los relieves, la calma, ese es tu hogar).

Yo, desesperado por que notaras mi presencia, empecé a cantar. Tú te volteaste y sonreíste, yo me acerqué y el sol aceleró su descenso, ansioso por darnos un poco de privacidad. Antes de alcanzarte te quitaste los zapatos, yo hice lo mismo. Tú los lanzaste, yo te imité. Te agarré de la mano, te di una vuelta y empezamos a bailar, primero al ritmo de mi voz, luego al ritmo de los dos. El cielo empezó a pintarse de lila, morado, azul noche, azul mar. Pasaba el tiempo y nosotros bailábamos abrazados, como amantes, corríamos como niños, dábamos vueltas y nos empujábamos, como si estuviéramos borrachos de locura y saltábamos, abríamos los brazos hacia los colores. Nuestros cuerpos se fundieron con el paisaje y pronto quedaron sólo nuestras sombras. Nosotros yacíamos en las nubes y observábamos divertidos como ellas seguían viviendo, riendo, gritando, como si el mundo les perteneciera.

Luego desperté. Al notar el leve brillo que entraba por la cortina cerré los ojos inmediatamente, prefería el atardecer, los tonos fríos y sentimientos cálidos de mi sueño. No los he vuelto a abrir, estoy esperando a que tú lo hagas para verte a ti, dulce, bonita, loca y salvaje, como en mi sueño.

 
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Mira hacia arriba
Mariana Mendoza
Foto Básica 2: Digital
2020
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Textos: Carolina Guevara, Luis Felipe Castillo, Sofía Salamanca, Gabriela Carreño, Manuel Villaveces

Líneas y caminos que se cruzan, una serie de fotografías de Mariana Mendoza

La presente obra fotográfica propone una relación entre la línea. el espacio y el nudo donde se busca generar un planteamiento nacido a partir de las intersecciones de estas. Las imágenes capturadas hacen uso del cable de la luz como línea física dentro de un contexto cotidiano. A partir de esto el espectador logra fundirse con la imagen, creando su propia interpretación y/o percepción, perdiéndose en su propia historia mental. A partir de estas imágenes nacen los siguientes textos con distintas interpretaciones, reflexiones, historias, preguntas e ideas suscitadas bajo el ejercicio de apreciación de cada fotografía, donde cada línea, cable, cuerda es diferente y como ellas, tejen diferentes maneras de mirarlas.
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Un cerro, una antena y un par de casas. Es esto lo que el espectador percibe principalmente de la imagen, pero ¿Qué traduce esto? Sin duda una fotografía puede tener múltiples interpretaciones personales que están determinadas por diferentes momentos y experiencias de la vida de cada persona. Esta imagen me transmite muchas cosas, el avance tecnológico que ha permitido conectar las diferentes poblaciones tanto rurales como urbanas. La idea de enfocar la gran antena en su totalidad e incluso gran parte del cielo hace entender cierta intención que quiere transmitir el autor y a su vez reafirma que la protagonista de esta fotografía es sin duda la antena. Es allí donde elementos que se podrían interpretar como principales como los cerros y las casas pasan a un segundo plano.

 
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A veces no entiendo para qué tanto complique. Tanta cosa.

Hace días que no le encuentro sentido al andar porque sí, a nadar entre nudos energéticos, y nidos imaginarios. A no saber bien para donde ir.

A veces busco calor por la ventana, o me vuelo entre la brisa de la mañana... No entiendo donde fue que me perdí.

No entiendo para qué tanta cosa. Tantas líneas, tantos caminos, posibilidades de decisión y tanto apiñamiento agobiante.

Bogotá es la descripción gráfica y tridimensional de este desorden, de esta confluencia de ideas, rayas y espacios negativos... me describe tanto a mi como a todos.

Representa al ser inquieto, apeñuscado y ansioso. Ese que hace rato fue tragado por el frío de la mañana y se dejó ir, a los enredos culos y la temblequera interna, esa que nadie más logra distinguir.

Hace tiempo que yo no entiendo,
y mirar al cielo no me logra ayudar.

 
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El árbol de la vida
es un árbol muerto
un árbol cavado y enterrado
le da vida a los demás

Follaje mecánico
va creciendo en desorden
orgánicamente, con la población.
Toda nuestra vida depende de este árbol.
Todos nuestros días y todas nuestras noches.

El árbol nos da la energía para jugar, nos deja guardar la comida
y por las noches nos da día.

Tú tienes tu árbol y yo tengo el mío
pero todos son uno
y todos estamos conectados
al árbol de la vida.

A veces no lo vemos,
se nos olvida que la noche es oscura, y empieza a las seis
las mañanas son frías,
y las tardes eran largas y lentas.

Solo lo recordamos
Cuando muere un árbol
y pasamos una noche oscura
sin la luz, del árbol de la vida.

 
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Todo el tiempo trabajan, sus hilos se aprietan entre sí al soportar tanto peso; sin embargo, a veces se escabullen algunos, pero otras veces atrapan inocentes, esos que no deberían estar allí. Los va añadiendo uno a uno, con calma y precaución. Es una ardua búsqueda, entre lugares recónditos, espacios amplios, grandes alturas y algunas cabezas… Después de encontrar unos cuantos, los pone juntos y los entrelaza; para finalmente crear ese pequeño espacio cálido, en donde reposaría. Las arañas tejen y tejen sin parar, pero son muchas y sus telarañas se entreponen unas con otras, se cruzan, se ordenan, se enredan, se abrazan, bailan entre ellas… A lo largo de sus hilos se escuchan voces, risas, susurros e historias.

 
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Juguemos con las sombras porque vienen noches sin luna.

Juguemos a conocernos. A desconocernos.

Busco calma, pero no logro desenredar mis nudos. Hoy me levante más cansada de lo común, no logré dormir por pensar en todas esas culebras y problemas que tengo que resolver hoy. Me paro de mi cama y me dirijo al baño a tomar una ducha fría. Me pongo la ropa que use ayer y me dirijo a la cocina por un tinto y un pedazo de pizza de ayer. Salgo de mi casa aún sin saber precisamente a donde ir o que hacer, lo único que se con certeza es que necesito plata, necesito conseguirme lo del día y las culebras que me vienen persiguiendo y alargándose desde ya hace un mes. Camino sin rumbo, camino sin querer hacerlo, entro en un lapso y olvido realmente donde estoy y que estoy caminando. Me sumerjo en mi mente y empiezo a gritar dentro de ella, lloro y busco algún camino al final del laberinto, de repente me cae una gota del cielo y vuelvo a la realidad. Me encuentro parada en la esquina de San Andresito, me siento sola y pequeña, hago una vuelta 360 para analizar donde estoy y me encuentro perdida entre miles de personas. ¿Y yo que hago aquí? ¿Que vine a buscar yo en este lugar donde todos vienen a encontrar una respuesta? No lo sé, no sé a quién acudir y no sé en donde buscar. Paro en uno de los carritos de la calle y me compro un cigarrillo, ya a esta hora empieza hacer hambre. Empiezo a fumar y a tratar de sacar junto al humo todas esas preocupaciones y pensamientos que no me dejan ver con claridad. Fumo el ultimo hit de mi cigarrillo y me doy cuenta de que este no logro quitarme el hambre y tampoco despejar mi mente. Me quedo parada alado del carrito y la vendedora me pregunta ¿y una niña tan bonita como usted que viene a buscar aca? No logro responderle, no me salen palabras, se me quiebra la voz y de inmediato me quiebro. Llegue acá en una búsqueda desesperada, no tengo dinero, no tengo con que comer, me fui de mi casa huyendo del acose sexual y la violencia. Empiezo a caminar como si estuviera huyendo del pasado, llego a una esquina y de inmediato busco un lugar para sentarme, estoy mareada y necesito respirar, recuperar el aire que me permite vivir.

Juguemos a ser un juego.

Juguemos a deconstruir.

Juguemos entre recuerdos. A ser cuerdos. Juguemos con cuerdas. (Chicle chicle americano, me entro, me abro, me cierro y me salgo) Juguemos a volver mientras estamos. Juguemos con las cuerdas a ser y no ser, por medio de palabras que pierden sentido al repetirse. Recordemos, acordemos, ni tu ni yo somos más que recuerdo.

Salgamos. Acompáñame a caminar por el tiempo y dejar cartas botadas en el camino como si fuesen migajas de pan. Pintemos a colores cada memoria amarrada, aprendamos a crear columpios entre la temporalidad.

Juguemos a ser ricos para regalar símbolos y señales, para dejar pedazos de alma en todas partes y que nunca falten. Juguemos a las sombras.. que siempre nos conocen, nos consuelan y aun así, nunca nos entenderán.

Juguemos a que no hemos jugado. A que no me conoces ni te comprendo, juguemos a que el tiempo no existe y a que con este sabemos hilar. Juguemos a que soy un guía, donde te llevo si se puede caminar.

Juguemos porque vienen noches sin luna.

Juguemos porque no sabemos cómo serán.

 
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Busco calma, pero no logro desenredar mis nudos. Hoy me levanté mas cansada de lo común, no logré dormir por pensar en todas esas culebras y problemas que tengo que resolver hoy. Me paro de mi cama y me dirijo al baño a tomar una ducha fría. Me pongo la ropa que use ayer y me dirijo a la cocina por un tinto y un pedazo de pizza de ayer. Salgo de mi casa aun sin saber precisamente a donde ir o qué hacer, lo único que sé con certeza es que necesito plata, necesito conseguirme lo del día y las culebras que me vienen persiguiendo y alargándose desde ya hace 1 mes. Camino sin rumbo, camino sin querer hacerlo, entro en un lapso y olvido realmente donde estoy y que estoy caminando. Me sumerjo en mi mente y empiezo a gritar dentro de ella, lloro y busco algún camino al final del laberinto, de repente me cae una gota del cielo y vuelvo a la realidad. Me encuentro parada en la esquina de San Andresito, me siento sola y pequeña, hago una vuelta 360 para analizar dónde estoy y me encuentro perdida entre millones de personas. ¿Y yo que hago aquí? ¿Que vine a buscar yo en este lugar donde todos vienen a encontrar una respuesta? No lo sé, no sé a quién acudir y no sé en dónde buscar. Paro en uno de los carritos de la calle y me compro un cigarrillo, ya a esta hora empieza hacer hambre. Empiezo a fumar y a tratar de sacar junto al humo todas esas preocupaciones y pensamientos que no me dejan ver con claridad. Fumo el último hit de mi cigarrillo y me doy cuenta de que este no logro quitarme el hambre y tampoco despejar mi mente. Me quedo parada al lado del carrito y la vendedora me pregunta ¿y una niña tan bonita como usted que viene a buscar acá? No logro responderle, no me salen palabras, se me quiebra la voz y de inmediato me quiebro. Llegué acá en una búsqueda desesperada, no tengo dinero, no tengo con que comer, me fui de mi casa huyendo del acoso sexual y la violencia. Empiezo a caminar como si estuviera huyendo del pasado, llego a una esquina y de inmediato busco un lugar para sentarme, estoy mareada y necesito respirar, recuperar el aire que me permite vivir.

 
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Halta Labor
Juan Pablo Landinez
Foto Básica 2: Digital
2020
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Textos: Laura Pérez, Marianna Velasco, Sofía Vergara, María Neira, Mariana Angulo

Sobre la serie de fotografías de Juan Pablo Landinez

La creación desde la mano humana no es un concepto nuevo o revolucionario, es más, se aprendió a entender esta relación casi tan naturalmente que, de hecho, las acciones de construcción solo se ven como un medio para un fin, un producto, no como el proceso per sé. La coexistencia armónica entre el humano, orgánico, en movimiento, único en su individualidad, con una identidad se pierde dentro de su entorno mesurado, geométrico, pero a la vez cambiante, en una permanente transformación, construcción. Las fotografías, sin intención de generar una narrativa específica aluden a una actividad colectiva, sin la necesidad de involucrar de manera directa al espectador, lo colocan en una posición que inmediatamente alude a la curiosidad.

 
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Lo incógnito de quien captura y como pasa desapercibido ante los obreros. ¿Qué tan incómodo hubiese sido que alguno de ellos mirara hacia arriba y se topará con el objetivo del fotógrafo? Si esto hubiese pasado, cierta tensión mutua entre los sujetos de las fotografías y del propio fotógrafo habría ocurrido, cambiando totalmente el actuar de sus cuerpos. Un cambio radical, donde Juan Pablo se esconde inmediatamente, víctima de su propio invento, espiar. Ahora los obreros espiaban y al igual que el fotógrafo, la curiosidad por tener noción de sus rostros.

-¿Quién es ese sapo?
- Mierda, me vieron.

 
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Lo más probable es que ellos hubiesen seguido en su arduo trabajo mientras Juan Pablo se escondía en la esquina de su cuarto con el corazón latiendo a mil, estremecido por los ojos del obrero que lo pilló, aquel trabajador de gorra negra que tanto había sido perseguido por una cámara. De repente, el reto para Juan Pablo cambiaba; tenía que ir a comprar algo a la tienda de la esquina pero ¿Cómo iba a ser esto posible?

 
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Si la obra ocurre en la entrada de su casa y el cemento yace fresco. No solo pasaría como aquel "sapo extraño" que se mete en lo que no le incumbe, ahora sería el culpable de dañar un trabajo que ha durado semanas. "Tras de metido, imprudente" podía ya escuchar, pensando en el reaccionar de los obreros al instante que la puerta se abriera y él saliera corriendo de su casa, claramente, dejando sus huellas sobre el concreto.

 
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HALTA LABOR
Alta sin H la labor de echar hacia arriba, o la de hundir hasta el fondo.
La del arte de construir edificaciones con piedra, ladrillo, cal, yeso y cemento.

Alta sin H la labor de ponerse casco verde y mantenerlo en la cabeza pegachenta.
Porque casco con cráneo se incendian bajo el sol candente.

Alta sin H la labor de cagar con todo: Remolcadoras Gigantescas, y
tubos colosales, y mangueras
muy muy largas,
y piedras pesadas,
y concreto hirviente.

 
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Alta sin h y con “A” de albañilería.

Alta albañilería desde lo alto; esperando que construyan escalones para verse cara a cara.
Esperando a verse y a que seque el concreto, que también es alta labor.
Esperar.
Y no mirar a los ojos también; mantener el anonimato por las dos partes.
Porque ni Juan los vio a los ojos, ni ellos a él.
Los hombres de casco verde, fuerza y calor miran y van hacia allá, mientras que el lente está acá, en las alturas con Juan.

 
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Y alta labor sin H la de darle simetría al desastre que es la construcción, porque entre montañas de escombro, yeso y sudor hay un orden.

Tanto así, que pareciera que Halta Labor hubiera sido producida en silencio.
Como si los motores de las máquinas no vibraran con furia,
ni las piedras chasquearan entre ellas,
ni las ruedas de las carretillas traquearan contra el cemento,
ni el cemento sonara como crema en piel seca,
ni los obreros de piel seca hablaran,
Halta Labor en silencio, milimetrada, y exhaustiva.
Alta labor el registro desde lo alto de la alta labor, de la albañilería.

 
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No corre en el bosque un soplo, todo es silencio y aroma. Sólo él tenía la carcoma con su revibrante escoplo.

Y a ratos, con brusco ardor bajo la honda paz celeste, lanza intrépido y agreste el canto de su labor

 
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Poema de HALTA LABOR

Halta sin h es una alta labor, muy exigente por su larga rutina y su poca propina, tan solo tuviera una carga menor.

El maestro carpintero de la boina colorada, va desde la madrugada taladrando su madero.

 
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- Adaptación del poema El carpintero por Leopoldo Lugones

 
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(Des)equilibrio
Daniela Rebolledo
Foto Básica 2: Digital
2020
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Textos: Isabella Romero

Olvídate

He perdido la cuenta desde la última vez que comí. No recuerdo nada. Solo sé, que cada minuto que paso recostada en el sillón de mi casa mirando hacia el techo mis órganos internos me ruegan por algo de comer, pero yo no les doy nada. Porque es más simple así. Y así como es de simple, llevar meses sin comer me hace sentir dentro de un vacío. A nadie le importa lo que siento, pero eso no importa. Porque, aunque el vacío sea frío, eterno, y oscuro, mi felicidad seguirá siendo plena. Y eso es lo que importa porque he cumplido mi objetivo.

 
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Donde me encuentro

Donde me encuentro usualmente es templado. Los días son oscuros, el aire es frío, y las calles siempre se ven resbaladizas y húmedas porque llueve toda la noche. Las personas que veo a mi alrededor desde el balcón de mi casa caminan despacio en las mañanas. Más despacio que un niño intentando correr con sus pequeños pies. Puedo verlas, diminutas. Porque, aunque no estoy muy lejos del suelo, tengo poca vista. A lo lejos las montañas sí logro ver. Verdes y color tierra. Una vez cada mes, veo, siento, y escucho, como el silencio por donde yo suelo estar se vuelve menos callado. Corro en el instante en el que escucho una voz apresurada que me dice que debo correr y veo que, aunque corra mi cuerpo no cambia y siento que entre más oigo esas voces me dejan sin aliento al intentar respirar.

 
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Oscura belleza

– Confía en que tu belleza es inigualable. No pares de creer en lo increíble que eres, aunque te digan lo contrario. Si pudiera calificar con una palabra lo hermosa que eres diría que mucho. Sé que puede ser difícil confiar en uno mismo cuando los fantasmas, (a quienes siempre acudes por un consejo), siendo secos y fríos dudan de ti dejándote insegura. Quizás te parezca cliché que te hable así. Pero es la verdad. Lo más increíble de alguien es lo que suele esconder tras las sombras. -Por alguna extraña razón no se lo había dicho a Martha después de que peleamos por haberla insultado-.

 
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El poder de las palabras

Hay confusiones en mi mente que no dejan de ser confusiones. Las voces externas me ahuyentan. Los gritos, las caídas, los golpes, los gritos, de nuevo. Todo lo oigo. Y algunas veces los escucho y no sé como decir que me atormenta. Yo, sin poder decir una sola palabra mi cuerpo se paraliza por completo. ¿Tiene noción? no, tal vez no. Pero aún suspiro y sé que por ello aún sigo viva. Con la vista a la vista, pero con una mente nublada puedo ver con los pocos sentidos que me quedan que finalmente he perdido el control.

 
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Gente de A Caballo
Felipe Barreto
Fotografía Avanzada
2020
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Textos: Alicia Salazar, Cheyanne Morris, Gabriela Ariza, David Frattini

¿Qué está detrás de esa vida pintoresca? ¿Detrás de los paseos en los que las plantas altas rozan la tela de tus pantalones? ¿Hay sudor? ¿Dolor? ¿Miedo de lo que puedas encontrar en el camino? ¿Lo haces por placer? ¿Sientes la necesidad de huir, estar solo entre la naturaleza sobre un caballo y alejarte de todo lo demás? ¿O es por necesidad? ¿Para moverte por lugares en los que las máquinas con ruedas no pueden llegar? ¿Recodos lejanos, apoderados por la maleza, que se expanden hasta donde llega la vista y a los que el asfalto no ha podido conquistar aún?

¿Te gustan esos caminos de piedra tan estrechos que pueden resultar claustrofóbicos? ¿Y esos rodeados por árboles en los que debes agacharte de vez en cuando por las ramas que amenazan en rasguñar tu rostro? ¿Hay días en los que paseas sin rumbo? ¿En los que sueltas las riendas y dejas que él elija el camino que quiere tomar? ¿Es una relación de poder en la que tu eres el que manda y él sólo obedece? ¿O lo consideras un amigo, un compañero? ¿Qué es lo que cargas en esa silla? ¿Qué llevas contigo en esas largas horas de cabalgata de las que desconozco sus recorridos? ¿No te da miedo? ¿O todo para ti es demasiado familiar para sentir algo más allá del placer de regresar a tu lugar?

 
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Rompecabezas en forma de montura.

Como un puzzle.... de esos de mil piezas.

Aquellos que toman tiempo armar si eres un principiante, al igual que al armar la montura.

Sentir cierta presión de no incomodar al caballo y encajar las fichas en zonas del cuerpo para evitar molestar y herir el cuerpo del animal.

instrucciones del rompecabezas:

1.El sudadero sobre la cruz y el pasa-cinchas en la zona más cercana a la pata del caballo.

 
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2.La montura -la única ficha que es fácil intuir su correcta posición en el puzle- encima del lomo.

¡Los estribillos!

Repetir paso 2). Quitar la silla. Recoger los estribillos. Ahora sí, la montura encima del lomo.

 
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3.Colocar la cincha al lado derecho del caballo

(El rompecabezas del rompecabezas)

3.1)Levantar el faldón derecho. meter la cincha por los latiguillos del sudadero.

 
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3.2)Una vez metida la cincha ponemos ⅔ latiguillos
Desatar al caballo

4.Pechopetral por dentro de la cabeza del caballo.

Re atar al caballo

Tope del pechopetral, por encima de la cruz.

Dejarlo
C
A
E
R

 
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5.Pasarlo por medio de las patas. Introducir la cincha por el medio

6.Repetir paso 3, 3.1 y 3.2

 
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¡No apretar la cincha! El caballo necesita respirar.

7.Abrochar el latiguillo que cuelga con la parte de arriba de la montura.

 
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En una sola imagen, se puede mostrar la definición de control, autoridad y seguridad sobre un animal. El hombre montado sobre ese o esa burr@, da una imagen de confianza, por su expresión facial o por su postura. Al mismo tiempo el animal, por más inclinado que se vea, tiene sus patas abiertas y estiradas, para mantener su peso y el del montador en tal bajada. Repleto de cuerdas que le cubren desde su cola hasta la cara, este se mantiene tranquilo y seguro, sabe que no se metería por un lugar donde cree que se caería. Se podría pensar que el jinete en esta situación tiene el control del animal, pero es todo lo contrario, ya que en este momento es el animal quien controla la situación, por su gran inclinación y su posición, el animal debe encontrar la forma de salir de ahí sin caerse sin importar las órdenes que le dé el montador. Como la experiencia

 
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en este momento es la que manda, el animal debe saber y debe controlar sus impulsos para salir bien de ahí, al igual el jinete debe saber que hacer en esta situación. Si ninguno de los dos ha estado en una situación similar -no creo que sea la primera vez-, salgan bien o no de esta situación, aprenderán de qué hacer y que no en tal situación por si llegan a estar otra vez así.

 
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La memoria de un caballo

¿Por qué los caballos son tan especiales? Hay un sinfín de razones por las cuales los caballos pueden ser considerados como el mejor amigo del hombre, aparte de los perros. No es extraño que durante miles de años los humanos hayan utilizado a los caballos como medio de transporte y jueguen un papel importante en la mitología de muchas religiones, ya que son increíblemente atléticos e inteligentes. Son expertos en recordar recorridos a la perfección, una habilidad que resulta de gran utilidad para su jinete. Estas habilidades las han desarrollado gracias a que sus cerebros deben hacer un gran esfuerzo para coordinar los movimientos de su gran cuerpo. Sin embargo, me atrevería a decir que su mejor característica es el hecho de que también son extremadamente conscientes del mundo físico que los rodea y tienen habilidades cognitivas diferentes a las de cualquier otro animal. Son capaces de entender nuestras palabras y emociones, y gracias a su brillante memoria a largo plazo es casi imposible que olviden algo que ya han aprendido. Tienen la capacidad de recordarnos muy bien, razón por la cual pueden llegar a ser excelentes amigos y fieles a nosotros durante toda su vida.

 
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Adentro
Irene Weiss
Foto Básica 2: Digital
2020
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Textos: Sofía Sarmiento, Irene Beltrán, Juan Andres Devia, Valentina Bahamon, y Diana Tellez.

SOBRE SENTIR
sobre las fotos de Irene Weiss

Primera impresión

La primera vez que vi la secuencia no quise leer de qué se trataba, porque quería comparar la forma en la que la interpretaba, sin explicación, y luego ver si mi perspectiva cambiaba cuando leyera de que se trataba. Cuando vi las primeras imágenes de “secuencia adentro” pasaron muchas ideas por mi cabeza, de hecho, pensé que buscaba manifestar tranquilidad y serenidad, pues estas reflejaban a una persona tirada en el suelo interactuando con un objeto delicadamente. Luego de leer sobre la serie me di cuenta de que estaba lejos de la realidad, puesto que las fotografías buscaban reflejar esas emociones acumuladas durante la pandemia. Pero esto me hizo entender más a fondo las imágenes, pues esta persona no estaba tratando de reflejar tranquilidad sino fragilidad, aquel objeto que estaba sosteniendo era una representación de lo frágiles que podemos llegar a ser.

 
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Las fotografías eran una simple y pura representación de la fragilidad en medio de la soledad.

Preguntas

Afuera
En esta secuencia el cuerpo, ¿intenta escapar de su misma carne? ¿Cómo puede hacerlo mediante el movimiento? ¿Gracias al cuerpo desesperado que intenta distintas poses sobre una silla? ¿Se escapa? ¿Busca? ¿Encuentra y conecta con sí?, o ¿con el afuera? Lo seguro es que encuentra alguna conexión, ¿se extiende desde su cuerpo? ¿Desde su corazón? ¿Desde su mente? ¿Desde la imagen? ¿Desde la idea? ¿Hacia dónde? ¿Hacia quién? ¿Para cuándo? ¿Parará?

Este cuerpo femenino, ¿femenino? Bueno, el cuerpo está sobre una silla. Sus ojos contemplan algo ¿un punto fijo? ¿No contemplan? ¿Solo se pierde la mirada en un punto fijo? Se toma firmemente de la silla, ¿por qué? Pero no parece estar asustada para necesitar esta firmeza, ¿solo le hace compañía?, ¿le asegura un lugar?, ¿sí estará asustada? Su ropa negra, ¿será negra?, porque la foto es a blanco y negro, sin embargo así nos

 
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hace entender una neutralidad sobre... ¿qué?, ¿su individualidad? ¿No importa quién ocupa esa silla?, ¿importan más sus gestos mientras progresa la secuencia?, o tal vez... ¿solo importan sus movimientos?

Adentro
A pesar del movimiento, ¿puede un cuerpo ser protector? Cuida con sus manos un huevo, ¿en representación de la fragilidad? ¿de lo inevitable? ¿del suspenso? ¿del cuidado? Es que lo cuida, desde la mirada, sus labios ¿podría ser todo su rostro? También con el tacto de sus dedos y antebrazos ¿o todo el brazo? ¿toda la mano? ¿también afectará la posición que toman las manos para sostener el huevo en sus dedos? ¿esos dedos en específico? No lo puede dejar caer, ¿qué pasa si se cae? ¿Los une una línea? ¿los separa? ¿un hilo? ¿Les une lo frágil? ¿el movimiento?

Sensaciones
Mis nervios se exponen, sin querer; estas células y fibras se apresuran en transmitir. Impulsivo de mi parte; piel pelada, cáscara rota: falla la defensa. Y mis ojos, en incontrolable humedad; presenciaron un experimento diezmado en el saco aórtico.

 
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Afuera
Irene Weiss
Foto Básica 2: Digital
2020
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Sociedad. Lo que sacrifica, pieza por pieza; lo que te desnudas; lo que crece sólo en el tiempo, en el tiempo sostendrán mis huesos a la luz. Podrás verme formándome en cavidades porosas a pesar de lo desgarrado, mi carne bajo tus garras, de hueco y frío y sin fisuras, me levanto; coseré este corazón de nuevo, anhelo perdonarte. Perdonar.

Hay un torrente de sangre envuelto en caos. Cientos de pies corriendo a casa desde el trabajo. El flujo es rápido; el olor es nauseabundo. Respiro distraído y mi aliento sabe a suspenso. Puedo escuchar, en bucles dentro de mi cabeza, solo una cosa: Inútil. Dan vueltas y vueltas como si un algodón se enganchara en cada borde afilado hasta que no queda nada por desenredar, y las cuerdas fluyen débilmente mientras despierto.

Poema slam
En la secuencia de Irene Weiss se puede apreciar un acercamiento al concepto de poesía visual que trata Helena Almeida en sus obras y su capacidad de transmitir un mensaje mediante la relación cuerpo y objeto. Con el mismo propósito se realiza un poema

 
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slam transmitiendo los pensamientos y emociones de un personaje al relacionar la secuencia con sus propias vivencias de la pandemia:

Me siento sola, vacía, con la cáscara partida.
No puedo respirar en presencia de mi única compañía,
cuatro paredes blancas que agobian mi existencia.
Un recuerdo constante de lo que tanto quise los días de lluvia
y lo que ahora repudio con toda mi energía.
Ginebra, 11 de marzo, la OMS lo anuncia todo de un totazo,
¿En qué momento transcurrió todo un año?
¿Y por qué aún no ha acabado?

Exagerados, paranoicos, locos y afectados,
así categorizaba a los todos los hipocondriacos,
aquellos enfermos de mente que no podían tocar ni una barandilla,
quienes hoy en día se mueren de la risa,
de personas como yo, como mis primos y mis hermanos,
quienes solo quieren salir y arrojar unas colillas

 
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Me pregunto todo el día, ¿cuándo acabará esta pesadilla?

Doy vueltas sobre el suelo, casi siempre sin consuelo
Aferrándome al recuerdo, de cuando todavía había encuentros
Me cansa estar sentada todo el día,
ver pantallas y no personas que es lo que debería
Nazco, crezco, vivo y muero sobre esta silla.
No puedo mas, el dolor de espalda me va a acabar.
Ira, rabia histeria, se adueñan de mi vida
a la que ahora llamo miseria

Mamá, papá, ¿por qué ahora ya no están?
La casa no termina, puedo caminar en ella todo el día
Me duelen los pies, ya no soporto caminar
del baño a la cama, de la cama a la mesa y de la mesa a la cocina.
Tengo los ojos rojos, no son los cigarros,
ni los efectos de un guayabo,
son las luces del computador alumbrando y mi profesor llamando.

Si me voy de esta silla de pronto lo lograría,

 
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son solo dos metros, del escritorio a mis cobijas.
La cama es tan lejana, ya dos metros son dos cuadras,
Y si me abrigo para este largo camino?
¿Dónde está mi barbijo?
No puedo arriesgarme al frío,
pues dicen que hay un bicho,
andando por los pasillos.
Mejor me quedo aquí,
refugiada entre mi única compañía
cuatro paredes blancas que me dan calma,
y así me quedo sentada,
esperando mientras todo acaba.

Académico
La serie de imágenes propuestas nos exponen distintos modos de acercarnos a la imagen, una serie de preconcepciones fundamentadas en el propio modo de ver. Estos lineamientos que condicionan lo que se observa, están medidos en parte por vivencias y aproximaciones de lo que conocemos. Como lo expone el crítico y pintor de arte John Berger: “las imágenes son más precisas y más ricas que la literatura” (Berger, 2000). De este planteamiento, podemos acercarnos a la imagen como un producto más allá de lo visual y de las

 
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palabras. Se considera la posibilidad de establecer un lenguaje extralingüístico que transforma las convenciones de percepción y recepción de las imágenes. De igual manera, nuestra aceptación, rechazo o indiferencia a lo que se representa influye en la identidad de la imagen.

Esta nos muestra lo presente y lo que no. No solo podemos hablar de lo que se ve como objeto puramente visible. La ausencia de lo que no es también un propósito que se considera esencial a la hora de abordar y crear la imagen. La secuencia de imágenes de Irene Weiss exponen dos contrastes evidentes. La secuencia “adentro” deja ver tres fotografías en primer plano, entre el juego de manos con lo que pareciera ser un huevo y el accionar del movimiento con el sujeto que las produce. Una particularidad evidente es la línea que traspasa sus manos y el objeto, podemos considerarlo como la línea que encierra lo que lo que excluye de lo que no está adentro. Otra consideración está en la mirada del sujeto, es también una pertenencia al lugar que lo excluye de lo de afuera, la involucra en los términos y en lugar de estar “dentro de”. El desplazamiento del huevo entre el antebrazo y la

 
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gesticulación de la persona están ligados a un sentido sacralizado, casi una especie de consagración del concepto “dentro”. Esta identificación entre lo que conocemos o apenas esbozamos, nos transporta a un sentir propio del modo de ver, en donde la necesidad de significar o de dotarla de atributos específicos se hace presente.

Nos exponemos desde la perspectiva que brindamos al público, lo que pensamos o lo que pretendemos expresar es un reflejo de nuestro propio mundo. Sin duda alguna nuestros deseos más íntimos dejan de serlo cuando exponemos lo que a nuestro parecer es y deja de ser. Más aún, cuando se enfrenta a la perspectiva del otro y se establecen convergencias y relaciones a fines.

REFERENCIAS

Berger, J., Blomberg, S., Dibb, M., & Fox, C. (2000). Modos de ver (pp. 1-90). Barcelona: Gustavo Gili.

 
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Elvira
Lucas Morales
Foto biográfica y autobiográfica
2020
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Textos: Luciana Alejandro Padilla, María Paula Cañaveral, Juliana León y Alejandra Silva.

Me gusta pensar que el tiempo no se
encuentra en un reloj. Todo dispuesto meticulosamente
para que avance de forma lineal sin interrupcionesyaburrido. Me
gusta pensar que el tiempo se teje.

 
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Me gusta pensar que el tiempo se teje. Con hilos que se enredan y se
cruzan. Se desdoblan. Me gusta pensar que existen hilos que se tensan y se
rompen.

 
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Existen hilos que giran y hay que darles la vuelta una y otra vez. Sin ti. Hilos de colores. Tapices de colores. Telas de colores. Todo de colores. Y aún
así, mi vida se vuelve gris.

 
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Pero a pesar de que ya no estás, te sigo sintiendo aquí
como una parte de mí. El tiempo ganó. Dejaste de existir y el hilo que nos
unía se fue contigo. No te vayas, no me dejes. Dejaste una
huella en mi , yo dejo tu huella tejiendo, te traigo
devuelta con mis recuerdos.

 
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El tiempo se detiene, y se teje . No son claros, son difusos enredados en el tiempo. Fragmentados con tu memoria, con las fotografías de tu vida, con la ropa de tus sueños.

 
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En las sábanas en que dormías hago este tapiz de recuerdos y tu existencia perdura en el tiempo. ¿Que tanto se
debe querer a un ser? lo que se necesite o hasta convertirse en él.

 
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Es una suerte que algo te quede, aunque la memoria se vuele. Con hilos y letras se bordan los recuerdos.

 
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Que intensidad de amor o de sufrimiento cuando llorar ya no sirve, solo queda llenar un lienzo libre.

 
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Qué poético es disfrazar la muerte
cuando ya no queda nada porque moverse solo queda coser prontamente. Y que Dios nos ampare de la muerte.

 
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En las fotografías se construye la relación entre una abuela que al parecer ya no está presente y su nieto. Mediante el uso de palabras tejidas en una sábana y fotografías, se crea una composición que muestra a un hombre en una búsqueda, con el deseo de recordar y percibir mediante fragmentos la ropa de su abuela, lo que ella era y cómo actuaría si lo viera. Las fotografías fueron tomadas de manera que cada una muestra la relación que el hombre está construyendo con su abuela. Éstas muestran cómo desde los fragmentos se teje la memoria y cómo mediante la composición del tejido físico y fotografiado esa construcción perdura en el tiempo.

 
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Caos Reconfortante
Sofía Vergara
Foto Básica 1
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Las moscas de mi cabeza
Texto: Lina Santacruz

Las nubes corren, personas hablan, me chocan, respiro y camino. Los árboles solo son manchas verdes. Veo manchas naranjas, verdes y una grande azul. Mi color favorito es el morado y no lo veo por ningún lado.

Hay moscas que vuelan cerca de mi cabeza, susurran cosas, me besan, me piensan. Yo solo sigo caminando, veo risas y malas caras. Una señora se quedó mirando, me miraba como si fuera un pedazo de mierda y yo me reduje a imitarla, luego pensé que sería divertido darle gusto, volverme su actriz, su muñeca de trapo y ser su pedazo de mierda. Así de pronto su cara tendría más sentido. Solo seguí caminando, asustando a la gente, complaciéndola, siendo el monstruo que querían. Me empezaron a salir cuernos, lenguas y ojos en la pierna y una sonrisa en la frente. Gritaba fuerte en el espejo, pero el espejo hacía oídos sordos.

 
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El baño se convirtió en mi lugar favorito, tal vez porque ahí me puedo ver tranquila, soltando mi cuerpo y gritando. Porque puedo practicar las caras que mi madre quiere ver y que mi amado quiere sentir. Puedo darme el espacio para llorar y pensar, pensar en el pájaro que chocó el otro día en la ventana, en las personas que lo vieron agonizar y las otras que lo sintieron morir, pienso en las personas que le tomaron fotos en su charco rojo. Tan rojo como los gritos en las noches y fuerte, tan fuerte como los llantos de los niños. Los niños no temen reír, o hacer pataleta cuando ellos quieren. ¡Pero son solo niños! Los niños pegan, empujan, rasguñan ¡pero tan solo son niños! Podría ser una niña y dejar de sentirme juzgada. Sí, quiero ser una niña y jugar y cantar. Cantarle al aire, llorarle al río y fundirme en el espeso bosque como en agua caliente. Podría ser un árbol, ser espectadora de las historias de amor y resguardadora de los pájaros amantes. Ver pasar la vida y el cielo que se mueve, contar estrellas, las estrellas que agonizan girando sobre mi cabeza ebria. Quiero salir de mi cuerpo, desgarrar mis brazos, quitarme un ojo y luego el otro. Trato de destruir una y no puedo, soy una, soy dos, soy tres, soy muchas. Muchas partes y rincones.

El piso, el sillón, el café, todo da vueltas. Me resbalo por el vómito vacío que se encuentra en el piso, sin saber de qué esófago salió: de él, de ella, de elle o mío. Quedó en el piso con mi siempre sonrisa y una que otra pizca de sal que salen de mis lagrimales.

 
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Inestabilidad
Texto: Mariana Vilardy

Caos reconfortante es una serie de fotografías realizadas por Sofia Vergara. Consta de 10 retratos: 9 monocromáticos y 1 a color. En cuanto a sus elementos técnicos, cabe mencionar que las fotografías se encuentran subexpuestas, ya que las sombras juegan un papel protagonista. Así mismo, un elemento primordial en esta serie es el movimiento. Gracias a este, el espectador logra sentir el desespero y la energía. Por otro lado, cada una de las fotografías cuenta con un leve nivel de grano, lo cual puede ser un elemento que reste en vez de sumar. La autora decidió editar todas las fotografías a blanco y negro excepto una, con colores cálidos. Lo cual me crea unas dudas, ¿Qué tiene de especial esa fotografía? ¿Por qué es diferente a las demás? En definitiva, Caos reconfortante genera en el espectador sentimientos como nostalgia, dolor, inestabilidad e irritación.

 
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Texto: María Fernanda Martin

¡Salta! En el frío de un viernes trece arrinconada por el vacío,

El paso del tiempo me remitía a las tenues luces de la noche anterior,

Sentía que había dejado mi cuerpo pegado al espejo del baño,

¡Grita! ¿Quién eres? ¿Que no te cansa de ponerme contra la pared?,

Tal vez fueron las manos de ella las que se pusieron contra mi cuello,

No lo recuerdo, ¿dónde estaba? Lejos. Pero ¿lejos de quién?

¡Corre! Pero no puedo huir, está aquí adentro o ¿afuera? ¡afuera! Vete o ¿me voy? Debí irme yo
hace tiempo,

 
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Te quedaste encerrada o te apoderaste de la casa como si fuera tuya,

Y si nunca fui yo y siempre fuiste tú, pero pretendí que podría,

Tal vez fueron muchas manos porque no tenía la fuerza ¿satisfecha?,

¡arreglarte! ¡nadie lo sabrá! ¡estarás mejor! Se repiten y repiten en mi mente como una condena,

Pero tienes razón, hace mucho me mataste ya no tengo rastros que dejar,

¡Salta! Pero no soy capaz de pararme y dejar de llorar, ¡Salta! Ya no me queda nada más, ¡Salta! Que nadie te salvará, ¡Salta!

 
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Las cartas que no te he escrito
Texto: Isabella Cantillo

“Te escribo derrumbada, amanezco escribiéndote”

No sé quién eres, pero estás en todas partes, las cartas que te escribo son las pruebas de que te rodea la noche ante mis brazos, te llamo y no vienes, te sueño y no vienes.

Mi jadeo canta asfixia y el rumor que crece entre mis piernas y mi espalda avecina rendición.

El grito es de desquicio y cuando lo hago, la lengua cela los espacios vacíos de mi boca, se expande, lame, quema y busca.

Tengo el cuerpo colmado de agonizantes y la celda de la musculatura llena de miedos devastados.

 
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Mi corazón es una invasión de risas en esta noche de silencio. Mi cuerpo es de paredes oscuras y agrietadas, bajo mi piel y mi sombra está mi pelo negro junto a unas ganas de morirme que me están matando.

Si de pronto me vieras en la orilla de tu caminar, sentada y abrumada en este inodoro de vida que son dos manos, dos piernas y una cabeza a desnivel que llora los espejos y se queda atada a mi rostro, o su rostro, o nuestros rostros,

Te pondrías a llorar conmigo ¿Llorarías junto a mí?

Porque ya las voces de estos mil cuerpos que habito no me alcanzan y con la luz hemos hecho un acuerdo firmado entre caricias y desenfreno

 
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Sé que siempre habrá el miedo de otras voces, pero este es el invierno que he elegido y de dulzura también otros permanecen.

El bacanal de mi pecho se ha formado y esta noche hay un incendio de miedo fresco.

Yo quisiera vivir siempre, pero nadie quiere para si tales sufrimientos.

He salido del baño con el corazón en las manos, sentí que me besaban entre cuatro y cuando me miraba las manos parecían seis, mis cabezas eran nueve o quizás veintiséis y en cada palpitar y respirar, palpitar y respirar había una brújula averiada que apuntaba a mis miedos, los reflejos no los entiendo y en un abrir y cerrar de ojos la vida se me va entre las manos y no sé dónde apagar la máquina de hacer los días.

 
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Hoy no tengo ganas de soñar despierta, no quisiera dormir y tampoco comer, tengo sed y solo hay agua salda, me corto las manos con espuma de recuerdos y silencio, mis quejidos son las partes negras de esta casa. Desabrido y sin sentido es esa vez que me aseguraron que no tenía corazón y yo repetí que tenía tres, porque a mí me sangran los pies.

Me sangran los pies.

Y no puedo seguir el ritmo de tus aullidos sin llorar por mis misterios, y no puedo quedarme quieta y no puedo parar de correr y no puedo cambiar de camino, o cambiar de sentido.

Destinatario no tengo y es verdad que prefiero no dejar pruebas del contacto puro del abandono con mi vida.

 
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Estoy cansada.

Estoy enredada.

Estoy

Estamos

Estoy

¿O no estoy?